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Y, finalmente, el Club Atlético River Plate volvió a ser campeón de Argentina. "Vaya noticia", pensarán algunos. La entidad millonaria es una de las más importantes de América Latina, su prodigiosa cantera ha brindado al fútbol mundial -tan solo tomando los tres últimos lustros- a una serie de talentos difícilmente discutibles como Pablo Aimar, Hernán Crespo, Matías Almeyda, Ariel Ortega, Andrés D'Alessandro, Germán el Mono Burgos, Javier Mascherano, Fernando Cavenaghi, Marcelo Gallardo, Santiago Solari o Javier Saviola, y por el club de la banda roja han pasado recientemente futbolistas de máximo nivel internacional como Roberto Fabián Ayala, Julio Cruz, Enzo Francescoli, Marcelo Salas o Esteban Cambiasso. La nómina de efectivos históricos de River impone respeto con solo mencionar a un puñado de nombres, como Daniel Passarella, Norberto Osvaldo Alonso, Ramón Díaz, Walter Gómez, Oscar Mas, Amadeo Carrizo, Ubaldo Matildo Fillol, Leopoldo Jacinto Luque, Mario Kempes, J.J. López, Oscar Ruggeri, Juan Pablo Angel, Antonio Alzamendi, Enrique Omar Sívori, Néstor Rossi y Alfredo Di Stefano, sin olvidar a la mítica alineación llamada la Máquina, que en la década del '40 conformó uno de los mejores equipos de toda la historia riverplatense, con cinco atacantes de lujo: Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna, y Félix Lousteau.

La Máquina.

Los integrantes de "La Máquina"

Dónde está la novedad? Qué es tan atípico para que anunciemos tan enfáticamente el regreso del club argentino a la senda de la victoria? Pues, lisa y llanamente, el hecho de que los millonarios se ciñieran la corona de campeones del Torneo Clausura 2008 exactamente cuatro años después de haber obtenido el Clausura 2004.

Quizás mucho más que en cualquier otro equipo grande a nivel latinoamericano estas cuatro temporadas de sequía para el club del barrio de Núñez han llevado a la institución argentina a estar al borde de una situación terminal deportiva e institucionalmente hablando. River ha estado jugando a la ruleta rusa con balas cargadas del poder para licuar el venerable e impresionante pasado (añejo y reciente) de River Plate, el incomparable respaldo de una afición como pocas existen en el mundo, y el aura de club serio que a lo largo de su historia había ostentado.

Antes de este triunfo en el primer semestre del 2008 el último equipo ganador millonario fue el entrenado por Leonardo Astrada, aunque probablemente es Ramón Díaz, que desde mediados de la década de los '90 obtuvo cinco campeonatos nacionales y dos a nivel internacional (entre ellos, una Copa Libertadores), quien mejor ha entendido y desentrañado las claves del placer de la afición de River.

La llegada del por entonces prístino y esperanzador José María Aguilar como presidente del club en el año 2001 determinó el prinicipio del fin de una época de hegemonía millonaria pocas veces igualada. Tras ganar el Clausura 2002, Aguilar cesó a el Pelado Díaz por "no tener un perfil acorde" con el de la entidad del barrio de Núñez. Manuel Pellegrini y el mencionado Astrada suplieron aceptablemente su papel de sustitutos de Ramón, pero ninguno hizo jugar a River con el lujo, la explosión ofensiva y el descaro que Díaz le imprimía.

A Aguilar no le gustaba (y sigue sin gustarle, aunque hoy daría todo por conseguir el regreso del riojano al Monumental) el estilo de Ramón Díaz. Socarrón, personalista, amante de la exposición mediática, el riojano eclipsó en todo momento a Alfredo Davice y David Pintado, los dos presidentes que le sustentaron en su cargo. El actual mandatario, que llegaba para sanear la gestión del club y dar una inyección de ética y transparencia, no quería ser visto como un continuista de sus predecesores y bajó el pulgar a la permanencia del ex goleador.

Esa decisión, pese a las ligas obtenidas por Pellegrini y Astrada, marcaron el cambio de ciclo en el fútbol argentino en favor de Boca, que bajo la tutela de Carlos Bianchi casi borró del mapa a sus primo hermano de la otra punta de la ciudad.

Hoy, la situación política de River es crítica. José María Aguilar ha defraudado a casi todos lo que habían visto en él la contraparte riverplatense de Mauricio Macri. La oposición (River no es una sociedad anónima, sino que en términos españoles es una institución de corte parecido a el Barcelona, el Real Madrid o el Athletic de Bilbao) pide su dimisión, el club no tiene dinero para fichar figuras, su entorno ha sido denunciado por estar vinculado a los ultras del club -vinculados últimamente con hechos de violencia muy graves-, y de aquel joven abogado que llegó al poder para modernizar, democratizar y librar a la entidad de sus lacras y vicios (algún símil en la liga española, quizás?) nada queda.

La gestión de Aguilar (en especial su segunda legislatura) se ha fagocitado a entrenadores como Reinaldo Mostaza Merlo y Daniel Passarella, dos ídolos de la afición millonaria y de éxito previo en River y en otros equipos.

Estando el club como está, cuál ha sido el factor que ha conseguido devolver al C.A.R.P. al primer puesto del campeonato argentino?

Creo que el gran factotum de este triunfo es Diego Pablo Simeone, el entrenador que tomó las riendas del primer equipo a fines de Diciembre de 2007. El Cholo debutó como entrenador en Racing en la temporada 2006 y en poco menos de dos años ya ha conseguido dos campeonatos argentinos: el Apertura 2006 con Estudiantes de La Plata, y el Clausura 2008 con River.

Simeone fue hasta hace apenas unos años el máximo referente de la selección argentina tras el retiro de Diego Maradona. Como jugador ha sido entrenado (tanto en la selección como en la gran cantidad de equipos de liga de los que ha formado parte) por entrenadores de todas las escuelas y estilos imaginables. Simeone sabe qué significa jugar en una seleccion de élite, ha vestido la camiseta de grandes de Europa, ha luchado en la segunda división de Italia, y ha sabido sufrir vistiendo la camiseta de un club importante que lucha por mantener la categoría.

Si algo acertado ha hecho la junta directiva encabezada por José María Aguilar fue contratar a Simeone. La actual plantilla de River es una de las peores que se recuerdan en Núñez en los últimos años. Y los refuerzos que le han conseguido a el Cholo no pueden sino ser considerados como de tercera categoría (en un momento no demasiado lejano la contratación de un veterano como Sebastián Abreu habría sido considerada por parte de los seguidores millonarios como de algo menos que una broma de mal gusto). Viendo lo que tenía en mano, tomando conciencia de que el 3-3-3-1 que intentó en la pretemporada de Mar del Plata era una quimera con los efectivos con los que contaba. el entrenador no se quedó quieto. Y terminó conformando un equipo no demasiado bello, sin excentricidades tácticas, pero efectivo en el ámbito argentino. River, bajo el mando de Simeone, fue capaz de ganar la liga y sobreponerse a la eliminación en la Copa Libertadores y a la caída ante Boca. Algo nada fácil en los tiempos que corren en el Monumental.

River toma oxígeno en lo deportivo, pero se sigue incendiando en el departamento institucional. Las urgencias que el club aún padece deben ser resueltas de manera perentoria. Una urgencia a sumar será -no me cabe ninguna duda- la de evitar que Simeone emigre al fútbol europeo (en España hay un club de primera división que está esperando que el Cholo estampe la firma en el contrato que le han ofrecido).

Otro asunto a resolver inmediatamente será el de retener a la nueva joya que ha salido de la cantera del club: el volante creativo Diego Buonanotte, otro de los motivos de ilusión que tiene hoy por hoy el hincha gallina. Otro exponente más de esa formidable marca de la casa que tienen en River: los enganches.

La victoria del pasado domingo ha otorgado a River su campeonato número 33 en la era profesional y a nivel nacional (una cifra ampliamente superior a las 22 ligas que tiene Boca, un equipo que suma una apabullante cantidad de títulos a nivel internacional). Un número que habla por sí solo de la importancia que tiene este club en Argentina.

En la Bombonera soplan vientos de cambio. La generación de jugadores que con Carlos Bianchi ha sido protagonista de la hegemonía xeneize durante la última década parece estar llegando a su punto más bajo, y quizás Boca deba nutrirse, rearmarse para volver a dar pelea en Argentina y Sudamérica.

Sabrá el club aprovechar este momento? Aprenderá a sacar partido el equipo de la Banda de este campeonato para volver a ser protagonista? Dejando a Boca de lado, en estos momentos parece que el único que podría entrometerse en su camino es Estudiantes de La Plata, o quizás el Independiente de Claudio Borghi. Estarán -por fin- la dirigencia, los jugadores y el cuerpo técnico a la altura de la ilusión de los millones de seguidores que tiene River en todo el mundo? La Copa Sudamericana y el próximo Torneo Apertura nos darán la respuesta.

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PRIMEROS MOVIMIENTOS EN RIVER EN LA "ERA SIMEONE"

El primer refuerzo que llegaría en las próximas horas al equipo "millonario" sería el delantero uruguayo Sebastián Washington Abreu, aún jugador del Monterrey de México. El acuerdo entre la entidad vendedora, River y el jugador es total, pero la operación aún no puede concretarse debido a que los clubes de la primera división de México impusieron tiempo atrás una sanción a River por un plazo de seis meses.

Esta sanción se produjo tiempo atrás, cuando River había transferido a Ernesto Farías al Toluca y luego, con la anuencia del jugador, deshizo la operación para vender la ficha del delantero al Porto, por un importe mayor.

Con menos esperanzas de que la operación finalmente se concrete, en River también aguardan que el Zaragoza dé el visto bueno a la cesión de Andrés D´Alessandro por un semestre o un año al equipo del barrio de Núñez. “El Cabezón” también es pretendido por el San Lorenzo de Almagro, entrenado por Ramón Díaz, uno de los principales valedores de D´Alessandro en Argentina.

El nuevo entrenador de River, Diego Simeone, ha estado efectuando gestiones personales con varios de sus ex compañeros en la Selección Argentina, como Roberto Ayala, Julio Cruz, Pablo Aimar o Hernán Crespo. Por el momento, estos cuatro jugadores han desestimado la posibilidad de regresar a River en el futuro inmediato.

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