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"BLATTER NUNCA PATEÓ UN PENAL"

Publicado por latitudfutbol.net | 8:04 p. m. | , , , | 7 comentarios »

Una sentencia de cinco palabras. Disparada desde lo alto, como un francotirador. Aunque para ser estrictamente justos quizás no sea cierta.
El CV de Sepp Blatter asegura que el actual presidente de la FIFA fue, entre los años 1948 y 1971, jugador de la división de aficionados en Suiza. En esos 23 años de carrera amateur algún shoot desde los doce pasos –aunque sea uno solo y mal hecho- debe haber ejecutado. Si bien no es cierta la frase pronunciada hoy por Diego Maradona en la ciudad de La Paz, sí que retrata casi perfectamente a Monsieur Blatter.
Lo que “el Diez” pretende decir –estoy seguro- es que el mandamás del balompié mundial es muy poco futbolero, que tiene poco potrero, que jamás su entrañable infancia en el cantón de Valais se vio amenazada por una prohibición cruel como la que él y el resto de los dirigentes de la FIFA están imponiendo no solo al fútbol profesional y de selecciones en Bolivia, sino a los changuitos que suben y bajan por las empinadas calles de los pueblos del Altiplano, jugando (en el más maravilloso e infantil de los sentidos) “a la pelota”.
Desde Zurich, el organismo rector ha ratificado la decisión adoptada meses atrás, por la cual se limita al máximo (casi definitivamente) el fútbol internacional en la altura, en un país cuyo fútbol “vive” en la altura.
La liga de primera división de Bolivia cuenta con doce equipos, la mayoría de los cuales tienen su sede en ciudades de altitud extrema:
- Real Mamoré, de la ciudad de Trinidad, ubicada a 130 metros sobre el nivel del mar.
- Blooming, Guabira, y Oriente Petrolero, de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, ubicada a unos 420 metros sobre el nivel del mar.
- Aurora y Jorge Wilstermann, de la ciudad de Cochabamba, ubicada a 2.570 metros sobre el nivel del mar.
- Universitario, de la ciudad de Sucre, ubicada a 2.900 metros sobre el nivel del mar.
- Bolivar, The Strongest y La Paz, de la ciudad de La Paz, ubicada a 3.600 metros sobre el nivel del mar.
- San José, de la ciudad de Oruro, ubicada a 3.700 metros sobre el nivel del mar.
- Real Potosí, de la ciudad de Potosí, ubicada a 3.830 metros sobre el nivel del mar.
La regla de la FIFA establece que solo se podrán disputar encuentros internacionales a más de 2.750 metros de altitud luego de que los futbolistas participantes hayan pasado un período de aclimatación de al menos una semana. Para jugar a más de 3.000 metros la adaptación debe hacerse con un mínimo de dos semanas de antelación. Esta normativa hace impracticable que las selecciones o los equipos de liga que visiten Bolivia para jugar Copa Libertadores o Copa Sudamericana puedan presentarse en escenarios como, por ejemplo el Hernando Siles de la ciudad de La Paz.
La decisión de la FIFA condena al fútbol boliviano a ser local solo en los escenarios que la nación del Altiplano posee en el llano. Debido a la falta de infraestructuras importantes que sufre el país, el único estadio viable a nivel internacional para el fútbol boliviano es el Ramón “Tahuichi” Aguilera de Santa Cruz de la Sierra, donde el Blooming y el Oriente Petrolero juegan como local.
Maradona se equivocó. Blatter sí que pateó penales, y continúa disparándolos.
Ahora lo hace contra Bolivia, un país que ha sufrido, sufre y seguirá sufriendo.
Un país que tiene a su selección, a su liga y –por sobre todo- a su afición, con el ánimo por los suelos, tras recorrer el camino desde la altitud hasta el nivel del mar.
Joseph Blatter es ese delantero que está a punto de ejecutar la pena capital contra un equipo a punto de perder la categoría. Piense en otra cosa, señor Blatter. Olvídese de la demagogia pseudo guerrillera del presidente boliviano Evo Morales que seguramente resulta imposible de digerir para su atildado y helvético orden mental. No escuche a Maradona, que tal como hacía con Joao Havelange, aprovecha cada ocasión que se le presenta para fustigarle. Haga caso omiso de la lógica de los mercados, que le hacen ver a Bolivia como una plaza tan poco rentable que hasta merece la pena sacrificarla.
Piense en el hincha, que es –en definitiva- a quien la FIFA se debe. Piense en los jugadores de la paupérrima liga boliviana. Pero, ante todo, piense en quienes juegan “a la pelota” en las calles de Oruro, de Potosí o de La Paz. Allí, como en muchos otros sitios de Sudamérica y de África, viven muchos de los fieles más perseverantes de la religión del fútbol. No los convierta en los leprosos del deporte más popular del mundo. No los aísle. Distráigase, señor Blatter. Piense en otra cosa y envíe el balón fuera. Salve al fútbol de Bolivia.
Con un poco de suerte, si lo hace, podrá darse un baño de masas en cualquiera de las ciudades de ese país, y –quizás- hasta podrá inaugurar algún pabellón polideportivo que lleve su nombre, para sumar un logro más a su oficialmente impoluta foja de servicios.

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