NO SOY YO. SOS VOS, BURRITO

Publicado por latitudfutbol.net | 5:16 a. m. | | 11 comentarios »

En mi país -Argentina- cuando uno quiere terminar una relación sentimental lastimando lo menos posible a la otra parte apela a una frase que es marca registrada de aquellas latitudes: "No sos vos. Soy yo". Con estas lapidarias cinco palabras lo que se quiere significar es que el problema, el culpable de la ruptura es uno mismo y no la otra persona. La cosa no ha funcionado y uno -de la manera más caballerosa que esté disponible en los estantes desparejos de la vergüenza y el orgullo- trata de generar poco daño colateral y de retirarse del teatro de operaciones con pocos impactos de bala.

Pero con vos, Ariel Arnaldo Ortega, la relación para algunos -el idilio para otros- se ha acabado. La frase adecuada para este punto final, sin embargo, necesita alterar el orden de sus factores. "No soy yo (ni la dirigencia de River, ni tu entrenador, ni los medios, ni tu familia, ni los hinchas, ni siquiera los que no te quieren bien). Sos vos, Burrito".

Hablemos en serio. De Ariel a tocayo. Pocos futbolistas han sido más mimados que vos. A nadie en Argentina -con la excepción de Diego Maradona- se le ha tenido tanta paciencia, se le ha esperado, se le ha animado a volver, se le ha valorado positivamente cada ínfimo gesto de recuperación, por insignificante que pareciera.

Pocos también han tenido la oportunidad de ser una auténtica estrella global surgida del fútbol argentino. Quizás solo vos estuviste en esa posición hasta la aparición de Riquelme, Messi y Agüero.

A ambas cosas, a la fe y la confianza de la afición y de tus colegas de profesión, y a ese enorme abanico de posibilidades que te ofrecía el mundo del fútbol, te los fumaste de una sola pitada. Peor que eso, lanzaste el cigarrillo inconcluso cuando apenas habías disfrutado de una sola calada.

Quien te llevó al primer equipo de River (para bien o para mal, el equipo de tu vida) cuando tenías menos de 18 años fue Daniel Passarella, tu entrenador, tu padre futbolístico y quien más ha batallado públicamente para recuperarte como persona y jugador.

Desde ese 14 de Diciembre de 1991, cuando debutaste defendiendo la camiseta millonaria ante Platense, tu carrera puso quinta para instalarse en el inconsciente colectivo de los hinchas de River, una de una de las aficiones más exigentes, grandes y gloriosas del mundo.

A base gambetas, enganches, contraenganches y nuevas gambetas, tu fútbol fantástico y garrinchista -si me permitís el neologismo- llenó los ojos y la ilusión de todos los argentinos, que nos sentíamos aliviados porque creíamos haber encontrado al elegido, a ese que podía desentrañar la espada clavada en la piedra y calzarse la elástica con el dorsal 10 de la selección, porque te creíamos con galones para emular a Diego. En lo que a mí respecta, te pido perdón por eso. Fue una presión extra que tal vez no tendrías que haber sufrido. Ni vos, ni Pablito Aimar, ni el Muñeco Gallardo. Las pisadas de Maradona sobre los terrenos de juego aún estaban demasiado fresca, y cualquier comparación resultaba (y resulta) cruel.

Eran otros tiempos en Argentina. Un gran talento como vos pudo jugar cinco años y medio en un club como River (eterno escaparate de la calidad sudamericana) antes de emigrar a Europa. Hoy en día, poco más de una década después, eso es impensable. A veces creo que esa prolongada fase de consolidación como ídolo de River a una edad tan temprana en algún sentido terminó por perjudicarte. En el barrio de Núñez te hiciste grande, creaste tus mañas, tus ticks (que dieron mucho resultado para tu equipo, llegando incluso a ganar una esquiva Copa Libertadores en 1996) y todo el mundo (incluyendo a tus entrenadores, tus compañeros, tus hinchas y los colegiados argentinos) los consintieron.

En el 97 llegaste a Europa, al Valencia en concreto, donde por ese entonces mandaba el hierático Claudio Ranieri. A la distancia, y once años más tarde, da la sensación de que ese fichaje fue más de la directiva che que de aquellos solicitados por el entrenador italiano. Poco, muy poco más de una temporada, duraste como inquilino del vestidor de Mestalla. Te fuiste de España con el magro saldo de haberle marcado un golazo espectacular al Barça en el Camp Nou, y con las durísimas palabras de Ranieri, quien públicamente te acusó de no esforzarte en los entrenamientos.

De la capital del Turia a Génova, donde durante un año defendiste sin pena ni gloria la camiseta de la Sampdoria. En el 2000 pasaste al Parma donde, a nivel de títulos, tuviste tu mejor momento en Europa: allí ganaste una Supercopa de Italia y una Copa de la UEFA. Algo no debería terminar de funcionar porque apenas un año más tarde saliste para regresar a River, donde Ramón Díaz te esperaba para liderar a un equipo que quedó en la historia, el de los Cuatro Fantásticos, donde compartías el ataque con nada más y nada menos que Pablo Aimar, Javier Saviola y Juan Pablo Ángel.

Tras ganar el Clausura 2002 bajo las órdenes de el Pelado preparaste el pasaporte azul y -por tu propia cuenta o mal aconsejado- tomaste una de las peores decisiones de tu carrera: fichar por el Fenerbahçe de Turquía. Un ambiente y una cultura demasiado hostiles y diferentes a tu forma de entender las cosas, a ese carácter del Noroeste argentino tan parecido -en un punto- al del pueblo andaluz aquí en España.

"Un Jujeño en Estambul" suena a nombre de peli barata, a comedia ramplona. Pero para vos fue casi un cuento de terror, donde el único que te arrimó el hombro fue "Corazón Valiente" Washington, el delantero que hoy juega en el Fluminense, y a quien hiciste hincha de River. Un año duró tu temporada en Turquía, donde jugaste muy pocos partidos y marcaste aún menos goles. Pese a que tenías contrato, en el 2003 te fugaste del Fenberbahçe con rumbo al Aeropuerto de Ezeiza. Allí esperabas que se te abrieran nuevamente las puertas del Monumental y volver a ser el de antes. Quien pagaba tu rebeldía? En esos momentos, poco te importaba me parece.

Los dirigentes del equipo turco se movieron y te inhabilitaron ante la FIFA. No les parecía nada bien eso de que volvieras a jugar gratis a River. Fue un año largo. Al principio te hicieron creer que River negociaría y te liberaría para volver a darte el 10. Los meses avanzaron y eso no sucedió. Te enojaste mucho, pusiste en tu contra al club, al que acusaste públicamente de no hacer lo suficiente para arreglar tu falta de profesionalidad.

Pasaron los meses, y el primer cortocircuito grande con River se materializó: te fuiste (aunque en realidad oficialmente no estabas allí) dando un portazo para recalar en el Newell's de Rosario, que consiguió rehabilitarte ante la FIFA. Su entrenador de ese entonces, Rubén Américo Gallego armó un equipo en el que pudiste volver a ser estrella, y con el que ganaste el 2004 ganaste el Apertura.

Pero, las cosas como son. El Parque Independencia no es el Monumental. Y la noche rosarina, por espectacular y variada que pueda llegar a ser, no se equipara a la de Buenos Aires. Al menos a vos no te alcanzaba y necesitabas volver, como el protagonista del tango.

Quince años después de tu debut en primera, Daniel Passarella volvía a estar en el Monumental... Y vos no podías faltar. Regresaste a River con honores, con madurez, con la cabeza amoblada, y con la edad adecuada para -por fin- hacerte cargo del equipo. Cargarlo al hombro y llevarlo nuevamente a conseguir los títulos que Boca no paraba de ganar.

Pero, nuevamente, nada de eso pasó. Passarella se equivocó con los jugadores que eligió para armar su equipo y erró profundamente en la decisión de ponerte a vos al frente de su proyecto. Él, mejor que nadie en el mundo del fútbol, te aprecia, te respeta y te quiere bien. También él mejor que nadie sabe de tus problemas, de tus debilidades y de tus adicciones, de las que una y otra vez rehuís y de las que renegás, eludiendolas con tus mejores gambetas imaginarias.

Caías una y otra vez, y las espaldas anchas y el afecto de tu entrenador en ese momento (quien confesó la debilidad que siente por vos en más de una oportunidad) te seguían manteniendo a flote, al menos de cara al público. Eso lo pudo aguantar hasta que tu desorden personal comenzó a trascender tu lugar de trabajo. Hasta que comenzaste a estar en los periódicos, pero no por lo que hacías dentro de la cancha y con la camiseta de River.

La decisión fue dolorosa, pero tu entrenador y el presidente de tu club anunciaron que no volverías a jugar en el primer equipo hasta que no superaras tu adicción al alcohol. E inmediatamente te pusieron en un avión con destino a una clínica especializada en estos problemas, ubicada en Santiago de Chile. El proceso se suponía largo y todos dábamos por descontado que ya eras un ex jugador. Que a todo el mundo con tu problema le lleva al menos un par de años de ese costoso tratamiento, que River pagó sin protestar, y que regresarías al Monumental en algún momento para despedirte de la afición en un partido-homenaje.

Pero el destino, o la dependencia que también tenés a ese lugar, esos colores y esa hinchada, hicieron que torcieras nuevamente la historia. Abandonaste la clínica, regresaste a Buenos Aires con varios kilos menos y con un caracter más sosegado y retraído (normal en alguien que estuvo aislado del planeta por un par de meses), y Passarella, Aguilar y el hincha (sobre todo este último, hastiado del juego horripilante del equipo) te creyeron. Te dejaron volver. Te dieron nuevamente la camiseta y la responsabilidad.

Y todo volvió a fallar. De manera clandestina casi, tus desarreglos privados volvieron a ocurrir. Solo que no se notaban tanto en medio del caos de fútbol y de administración en el que estaba sumergido River hace unos meses. El entrenador cayó. Y pronto llegó su sustituto: otra persona que te conoce muy bien, en la cancha y en el vestuario, tu ex compañero de la selección, Diego Simeone.

Creíste que con el Cholo podrías tener una relación más o menos similar a la que mantenías con Passarella. Él te conoce. Y él te podría cubrir y perdonar de la misma manera. Y aquí volviste a equivocarte. Simeone estuvo a punto de expulsarte del plantel en la pretemporada de Enero, cuando diste señales de que no podías cambiar. Tus súplicas ante el los dirigentes y quizás el temor que siempre provoca enfrentarse al ídolo de la afición te salvaron entonces, pero el vínculo entre vos y el D.T. quedó muy dañado, y a lo largo de todo el Clausura se fueron sucediendo los cortocircuitos, provocados indefectiblemente por tus desequilibrios privados y tu indisciplina en los entrenamientos. Al ex jugador del Atlético de Madrid no le tembló el pulso, y te dejó fuera de la convocatoria en más de una ocasión. La última vez, en la última jornada del campeonato pasado, en el partido ante Banfield, momento en el que River festejaría el título conseguido. Supiste que no ibas a jugar ese partido, y abandonaste la concentración, acusando al entrenador de poco menos que expulsarte del club.

José María Aguilar, el presidente de River, volvió a apagar el incendio, y consiguió hicieras las paces con el director técnico. La pretemporada invernal se inició hace unas semanas en Argentina y, pese al frío imperante, el clima en el vestuario millonario seguía siendo muy caliente. Cualquier chispazo haría volar todo por los aires nuevamente. Y esa chispa llegó hace algo más de una semana, cuando no te presentaste a entrenar, luego de estrellar tu coche contra el surtidor de una gasolinera del barrio de Palermo, en Buenos Aires.

Simeone se cansó, y te separó del equipo. No tomó esta decisión precipitadamente, sino que lo hizo luego de advertirte una y otra vez. Quien avisa no es traidor, Ariel. Aunque te caiga mal.

Aguilar ya no quiso protegerte (realmente, no puede seguir haciendolo) y, aunque estaba dispuesto a renovarte por una temporada más, su consejo fue que regresaras a Chile para desintoxicarte. Tu respuesta, equivocada nuevamente, fue acercar el pedido de cesión del Al Ain, de los Emiratos Árabes Unidos, que dejaría en tu bolsillo bastante más de un millón de Euros, por poco menos de un año de trabajo.

Alguien que conoce el paño, y que sobre todo te conoce, te hizo ver que si en Turquía lo pasaste mal, en Oriente Próximo aún podrías sufrir más. Y te viste en un callejón sin salida.

Y ahí fue donde apareció el Independiente Rivadavia de Mendoza, quien te acaba de contratar para la temporada que acaba de comenzar. En una sola jugada abandonaste River, amagaste con fichar por el Al Ain, y terminaste en un equipo de la segunda división del fútbol argentino.

Llevando todo esto al contexto español, es como si Zinedine Zidane hubiera abandonado el Real Madrid, desestimando una oferta de la MLS o Japón, para acabar fichando por -con todos mis respetos- el Nàstic de Tarragona.

Esta gambeta casi a la desesperada, esto de ir corriendo hacia adelante, sin mirar que te pasaste de la línea de meta es -para mí- tu última jugada.

Nadie tiene la culpa de lo que te pasa y de lo que te ha pasado, Burrito. Nadie de todos a los que te has acercado pidiendo ayuda y comprensión son responsables de la adicción que te está carcomiendo. Nadie puede ayudarte ahora. No hay nadie a quien tirarle un centro. Nadie que cabecee tu balón. Nadie que te responda con una pared. Resolver tu problema es una jugada que solo vos podés hacer.

El contrato con tu nuevo club establece que es condición sine qua non que, a la par de tus entrenamientos con el Independiente Rivadavia, lleves adelante un riguroso tratamiento para solucionar tu adicción al alcohol. Sinceramente, no sé cómo pueden conjugarse ambas cosas, pero -de corazón- te deseo toda la suerte del mundo. Al final de la historia, poder superar tu dependencia y estar ahí para contarlo será, sin dudas, la mejor jugada que jamas aún se te haya ocurrido.

Mirá. Si te recuperás prometo olvidarme del cabezazo que le diste a Van der Sar en Francia 98, y que terminó dejándonos fuera del Mundial.

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11 comentarios

  1. "Lama" // 11:17 a. m., agosto 10, 2008  

    Ortega me recuerda a cuando tratábamos de explicar la vida extradeportiva de Ronaldinho: un chico joven, con mucho dinero y fama... hay que ser muy fuerte mentalmente para no caer en el alcohol, la noche o algo peor... en esta ocasión el "Burrito" no ha sido lo suficientemente voluntarioso para saber cuando debió parar.

    Pese a no ser un enganche de juego completo, era realmente espectacular ver como recortaba. Recuerdo con cariño sus primeros partidos en Mestalla y como hacía vibrar a la afición con su regates en el límite... pero algo se debieron oler para no aguantarlo más (por cierto, te confirmo que fue un fichaje de directiva más que de Ranieri).

    A partir de ahí su carrera se ha ido alternando entre equipos de cualquier categoría en busca de dinero rápido y River, con el que tiene una relación parecida a la Riquelme con Boca.

    Me ha gustado que recuerdes lo de que se le denominó (como a tantos otros) como el nuevo Maradona... Y después de él, Aimar, Riquelme, D'Alessandro, Romagnoli, Messi... creo que esta obsesión por encontrar un nuevo Maradona está destrozando muchísimos talentos.
    Creo que hasta que no se diga claramente que Maradona sólo hay uno y que a partir de ahí habrá un Aimar, un Román, un Messi, que quizás hagan más o menos que Diego, pero lo harán siendo ellos mismos, se seguirán minando a grandes jugadores.


    Saludos

  2. Martín // 11:19 a. m., agosto 10, 2008  

    Magnifico, enorme recorrido por la realidad de todos estos casos, de lo que le pase a uno mismo en estos temas, solo la propia persona tiene la culpa, igual que solo la propia persona puede, si quiere, salir del abismo.

    Pero callando, dandole cuerda, escondiendo sus actos, o negandolos, siendo benevolo con quien actua de esa forma desordenada...puede que para algunos, a lo que lo unico que importa sea como juegue, este bien, para mi, es ayudar a la destruccion de una persona, y eso importa infinitamente mas que el futbol.

  3. Martín // 11:22 a. m., agosto 10, 2008  

    @Lama, totalmente de acuerdo con lo que dices sobre lo de los "nuevos maradonas", yo ya lo he comentado en alguna ocasion, endilgare dicho titulo a alguien, equivale a medio destrozarle la vida, muy pocos podran rivalizar en la historia del futbol con lo que hizo el, y pretender juzgar a alguien bajo esos parametros, conducen casi seguro al fracaso de los mismos. Pocos pueden ser 10, pero no esta mal sin son 7 u 8, que parece que la gente se obsesiona con eso, prefiero tener un equipo con muchos sietes,que con un 10 pero ...admiro y valoro mas a un equipo que sea eso, un equipo, que a un conjunto de individualidades.

    Un saludo

  4. el hombre del futbol // 5:26 p. m., agosto 10, 2008  

    Ariel Ortega fue un gran jugador, que ha contado con millones de oportunidades en toda su vida, pero que ha decidido no aprovechar.

    Su paso por Europa, le marcó su carrera y no pudo volver con el cartel que le acompañaba. El alcoholismo quizás es lo de menos en un jugador que tenía grandes cualidades, pero que desperdició sus opciones de hacer algo grande.

    Aún así, aún pasan algún que otro gol suyo entre los mejores goles de la semana. Alguna que otra genialidad.

    Un saludo Ariel, y ¿qué dirías si te preguntase por Sebastián Soria? (solo una duda)

  5. Garrincha // 9:32 p. m., agosto 10, 2008  

    Realmente, sensacional exposición ... una pena que al que va dirigido posiblemente nunca la lea.

    Un saludo!

  6. el hombre del futbol // 10:14 p. m., agosto 10, 2008  

    Es un genio que se quedó en la lámpara por frotar demasiado.

    Otro saludo y ¿qué opinión tienes de Jorge Fossati?

  7. Latitud Fútbol // 12:05 a. m., agosto 11, 2008  

    @ lama...

    Sin dudas Ortega y Ronaldinho tienen más de un punto en común. Pero así como existen casos como estos, también podemos encontrar a futbolistas latinoamericanos absolutamente centrados en lo que respecta a su vida privada pese a haber tenido orígenes muy humildes. Se me ocurren ahora ejemplos como el de Maxi Rodríguez, Luis Perea, Ezequiel Garay, Frédson (el ex jugador del Espanyol a quien escuché comentar cómo había pasado hambre en su infancia en Brasil) o Oscar Ustari.

    Y lo de "el Nuevo Maradona" lamentablemente ha afectado a muchos jugadores con mucho talento.
    Creo que con Agüero y Messi quizás (ojalá sea cierto) el tema de la búsqueda de esa suerte de Santo Grial haya terminado.


    @ martín...

    La prensa argentina y "el entorno" de River (allí también existe esta esfera de influencia, no es propiedad exclusiva del Barça) tiene gran culpa de esto de esconder los problemas de Ortega, que hace mucho que existen, pero que solo salieron a la luz pública desde hace poco.


    @ Javier...

    Coincido. Algunos de los goles de Ortega son antológicos. De lo mejor que ha salido de las botas de un futbolista sudamericano.
    Sobre Sebastián Soria... es una "rara avis". Nació en Uruguay, pero defiende los colores de la selección de Qatar, país al que llegó en el 2004. Hay una leyenda negra que dice que se falsificaron sus datos de nacimiento para que en el 2006 pudiera disputar los Juegos Asiáticos con la Sub-23 qatarí. Es uno de esos trotamundos fantásticos que tiene el fútbol. El recorrido que va desde el Liverpool de Montevideo al Qatar S.C. seguro que debe ser muy interesante.

    Jorge Fossati me parece un buen entrenador, con una trayectoria interesante. Ha recorrido bastante mundo como jugador y director técnico y aún es joven. No me asombraría que algún día regresar a entrenar "la Celeste". Me recuerda mucho siempre, por su personalidad, a Ricardo La Volpe. Probablemente porque ambos fueron porteros, que son jugadores de una raza aparte.

    @ garrincha...

    Gracias por los elogios.

    Un saludo a todos.

  8. Chus // 4:47 p. m., agosto 11, 2008  

    Bueno, la verdad es que soy demasiado joven para opinar sobre los mejores tiempos como jugador de Ortega. Sobre su vida extradeportiva, no hay mucho que decir, es imposible ser responsable cuando has llegado a algo que nunca habías imaginado si no tienes la cabeza muy bien amueblada.

    Saludos.

  9. Marcelo // 11:04 p. m., agosto 13, 2008  

    Ariel: Felicidades, qué buen artículo sobre Orteguita ! Con todo respeto, está totalmente expuesta su carrera, logros y caídas. No creo que nadie en Argentina haya tenido tantas oportunidades como él ( exceptuando a Maradona tal vez ) y él las ha desaprovechado todas.
    Ojalá haya manera de que esta nota la lea Ortega, así se da cuenta de todas los errores que hizo, y que sólo esta última vez no lo perdonaron.
    Un abrazo, desde Buenos Aires, Marcelo ( primo de Carolina )

  10. Latitud Fútbol // 10:04 p. m., agosto 19, 2008  

    @ Marcelo...

    Gracias por pasarte por el blog. Me alegro de que te haya gustado el post sobre Ortega.
    Cómo ves a River para este campeonato?
    Saludos a toda la familia.

  11. Hristo // 10:06 p. m., agosto 25, 2008  

    Hola Ariel, que tal?
    Hace días que no me pasaba por el blog, estuve de viaje y algo ocupado con el curro...y nada, sólo felicitarte por el post, buenísimo, me ha gustado mucho.
    Una lástima el burrito, un enorme talento que nunca llegó a explotar. Aunque fue uno más de tantos....
    un fuerte abrazo desde Río!